La herida existe porque algo se rompió. Nace del después.
En el cuerpo, la cicatriz es la forma que adopta el tejido cuando una herida está en proceso de cerrarse, aunque también es la huella que suele dejar una vez se ha cerrado. En un ecosistema, podría ser la vegetación sedimentada que emerge después de que el cauce de un río se ha secado. En los procesos de justicia transicional, nombrar a las víctimas desaparecidas después de una masacre suele ser una forma de iniciar la reparación. Reparar no es deshacer lo ocurrido, sino reorganizar el tejido después del daño. No se trata de borrar la herida, sino de aprender a vivir con la cicatriz.
Las piezas reunidas en esta exposición exploran la herida abierta, la cicatriz y la reparación como experiencias materiales y procesos de transformación. Algunas habitan el corazón del daño, ese momento en que algo nos ha abierto la carne y sangramos sin darnos cuenta, sin poder darle nombre ni forma a lo que nos sucedió. Otras, lo nombran y hacen visibles el momento de la ruptura y el dolor que lo acompañan, mientras que algunas más se acercan a los procesos de sutura y cicatrización que permiten a un tejido reconfigurarse, o se preguntan cómo es posible construir desde esa nueva piel marcada.
Los Santos Inocentes (2010), de la serie Anatomía de la violencia en Colombia, de Mapa Teatro, toma como punto de partida la celebración homónima que tiene lugar cada 28 de diciembre en Guapi, donde hombres enmascarados y vestidos con ropa de mujer recorren las calles dando latigazos. Esta versión de la obra consta de un muro que divide un espacio: de un lado, se proyecta un video de la celebración; del otro, una máquina azota sostenidamente la superficie, dejando una huella de carboncillo que va formando en el muro una mancha que crece tras cada latigazo. La instalación está acompañada por una banda sonora reproducida mediante mecanismos de automatización y un mural de fotografías. Como se preguntan Rolf y Heidi Abderhalden, sus creadores: "¿Se trata de una fiesta, un castigo, una catarsis colectiva, una pesadilla o una masacre paramilitar?”. A través de las máscaras de los participantes en el festejo, de la inversión de género y la transgresión de jerarquías sociales, esta obra reactiva memorias de dominación racial y económica que continúan estructurando el presente.
Vengo por tu espalda (1998), de Ana María Millán, consiste en seis ampliaciones fotográficas de fotogramas extraídos de películas de terror de serie B donde la protagonista aparece de espaldas, justo antes de que ocurra algo terrible. La obra permanece detenida en ese instante previo que nos sitúa frente a algo que intuimos, pero que todavía no logramos nombrar: un umbral en el que la amenaza ya está presente, aunque no resulte legible. Por eso, para que el daño cese, debe nombrarse.
Un vacío en dos etapas con Suaty (2026), de Linda Pongutá, es una instalación comisionada para esta exposición. Construida a partir de moldes de tubos de PVC cosidos en tela y teñidos con tintes naturales (cáscara de cebolla y cúrcuma), aceite para motor quemado y brea, la pieza puede leerse simultáneamente como una infraestructura de extracción de recursos y como una red de raíces bajo tierra. Siguiendo a Anna Tsing, la obra sugiere cómo los sistemas humanos, industriales y ecológicos permanecen entrelazados, incluso después de su ruptura, obligados a encontrar nuevas formas de coexistencia.
Aguas mansas (2025), también de Ana María Millán, es un tríptico compuesto a partir de la agrupación de dibujos, acuarelas y fotografías que exploran la cosmología del oro y la vida anfibia de las comunidades del Pacífico colombiano, así como las transformaciones producidas por los procesos extractivos sobre este ecosistema. Más que imaginar un retorno a un estado anterior al daño, la obra propone volver a pensar las relaciones que nos vinculan con los territorios que ehabitamos.
Nada Desaparece (2026), de Ana María Montenegro, es una instalación sobre el vidrio opalizado de una baranda exterior que protege el ingreso al edificio de la CCB. La frase “Nada Desaparece” resulta especialmente significativa al resumir la experiencia de la artista junto a MAFAPO, la asociación de las madres, esposas, hijas y hermanas de los jóvenes asesinados por el Estado como “falsos positivos”: aunque hay cuerpos que desaparecen, el dolor, la memoria y la herida permanecen. Dependiendo del lugar desde donde se observe, el texto aparece y desaparece. Al ingresar al espacio expositivo, el texto se hace invisible y lo que permanece son los cables que lo sostienen, como una herida abierta que desplaza la atención desde el mensaje hacia la estructura que lo hace posible.
Arqueología del Cielo; Platymiscium pinnatum (2026), de Felipe Macia, es una escultura sonora que se activa cuando una aguja toca el tronco de un árbol y, al leer sus anillos, genera sonido a partir de la memoria climática guardada en esa corteza. El tronco presenta una cavidad en su centro, producto de un prolongado proceso de pudrición, pero el árbol continuó su crecimiento alrededor de aquel vacío. La obra propone una imagen de persistencia: la capacidad de seguir creciendo alrededor de aquello que falta.
INQUIETA (2026) es la obra que María Leguízamo creó para esta exposición. Consiste en una instalación realizada con sangre, donada por amigos y conocidos de la artista, almacenada en largos tubos de vidrio que atraviesan los muros de la sala. Cuando se juntan todas las sangres, ese signo visible del daño deja de ser evidencia de la pérdida para convertirse en materia de encuentro, duelo compartido, cuidados y reparación.
Juliana Steiner Fraser
Curadora
Juliana Steiner Fraser es una curadora independiente e investigadora basada en Bogotá. Su mirada multidisciplinaria abarca las artes, las humanidades experimentales, la pedagogía y la arquitectura, trabajando en torno a territorio y ecologías políticas desde prácticas colectivas y situadas. Recientemente, organizó Caminar Alrededor del Tiempo de Mateo López en Barichara y curó Ecotono: Chagras, Payaos, Camellones, parte de Common Ground en la Bienal Fisher Center LAB en Bard College, proyecto que culminó en la publicación Ecotono: Revoluciones silenciosas (Bard, 2025).
Es cofundadora y directora artística de La Reserva Guatoc, una residencia artística en Barichara, y cofundadora de Espacio Odeón en Bogotá. Fue becaria 2023–2024 en el Center for Human Rights and the Arts (CHRA) de Bard College y actualmente es profesora en New York University. Actualmente está trabajando en una exposición en torno a culturas del agua en el Humboldt Forum en Berlín (2026).
Viernes, 03 de julio
Inauguración.
5:00 p.m. – 9:00 p.m.
Sábado, 11 de julio
LAB 1: Sutura colectiva.
2:00 p. m. - 4:00 p. m.
Taller para reflexionar sobre la memoria histórica.
El taller propone un ejercicio de creación simbólica en el que la transformación de un objeto se convierte en una metáfora para reflexionar sobre las huellas que el conflicto armado ha dejado en nuestras vidas, comunidades y territorios. A través de la acción plástica, las y los participantes serán invitados a reconocer que las fracturas hacen parte de la historia de los objetos, así como las heridas forman parte de la memoria colectiva.
Sábado, 25 de julio
LAB 2: Cosas rotas.
2:00 p. m. - 4:00 p. m.
Taller para reparar y resignificar tus objetos.
El taller propone trabajar sobre los objetos que tienen una memoria según las vivencias de cada uno de los asistentes y que se encuentran rotos, descompuestos o incompletos. A través de un reencuentro con ellos, haremos un ejercicio de reparación que será evidente con la intención de reconstruir y resignficar aquellos objetos con respecto a nuestro sentir en el presente, que los convierten en una pieza única.
Jueves, 13 de agosto
Visita guiada
5:30 p. m. - 6:30 p. m.
A cargo de la curadora
Martes, 18 de agosto
Proyección Foragers, Jumana Manna
Auditorio 3
6:00 p. m. - 8:00 p. m.
Foragers retrata, con un humor sutil y un ritmo contemplativo, los conflictos en torno a la práctica de recolectar plantas silvestres comestibles en Palestina/Israel. Filmada en los Altos del Golán, Galilea y Jerusalén, la obra combina ficción, documental y material de archivo para mostrar el impacto de las leyes israelíes de protección de la naturaleza sobre estas costumbres.
Las restricciones prohíben la recolección del ’akkoub, una planta similar a la alcachofa, y del za’atar (tomillo), lo que ha derivado en multas y procesos judiciales para cientos de personas sorprendidas recolectando estas especies nativas. Para los palestinos, estas leyes constituyen un velo ecológico que encubre una legislación que los despoja aún más de sus tierras, mientras que los representantes del Estado ocupante insisten en su conocimiento científico y en su deber de proteger la naturaleza.
Siguiendo el recorrido de las plantas desde el entorno silvestre hasta la cocina, pasando por las persecuciones entre los recolectores y los agentes de protección ambiental, así como por las defensas en los tribunales, Foragers captura la alegría y el conocimiento que encarnan estas tradiciones, así como su resistencia frente a una legislación prohibitiva.
Al replantear los términos y las limitaciones de la preservación, la película plantea interrogantes sobre la política de la extinción, particularmente sobre quién decide qué debe desaparecer y qué tiene derecho a perdurar."