Todas las Partículas Sólidas Fundamentales

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Texto curatorial

Tenemos una sospecha común: nuestro planeta descansa sobre los lomos de cuatro elefantes y estos, a su vez, sobre el caparazón de una enorme tortuga.

Esta muestra despliega formas, signos y cosas compuestas y recombinadas en cinco instalaciones performáticas: cinco cosmogonías singulares que, al mismo tiempo, son declaraciones radicales de amor erótico y amor errático hacia esta superstición material que llamamos realidad.

Si imaginamos que el universo es una trama de procesos e interacciones, una recombinación constante de inteligencias que, en su búsqueda de orden y sentido, engendran entidades de materia-energía con códigos y lógicas compartidas, quizá podamos tomar estos desvíos especulativos para aproximarnos a lo que el arte, como acto sensible, podría ser: pulsión, necesidad y resistencia creativa. Un reservorio imaginario donde cuerpos humanos y no humanos confabulan para modelar otros modos de sentir y encarnar una existencia, mientras tantean posibilidades de ser-estar en el mundo.

Habitamos esa zona umbral —siempre paradójica—. Nos movemos por los intersticios de aquello que ha sido prediseñado como natural o normal para desplazar teorías, técnicas y aparatos; espectros, rituales y recetas, fluidos; pesquisas y sospechas, provocando combinaciones improbables que materialicen lo que antes no existía.

He convocado a Daniel Santos, Luisa Fernanda Giraldo, Mariana Angulo, Stephanía Ayala y David Caicedo a conspirar en este ensayo de curaduría. Más que ilustrar un tema, un síntoma generacional o determinados modos de hacer, sus obras se presentan como universos de referencia y laboratorios de recomposición imaginaria. Cinco instalaciones que, desplegadas en una misma sala, configuran cinco dimensiones inmersivas donde la ficción especulativa y una antropología subversiva poshumana trazan un eje común.

¡Necesitamos fabricar imágenes imposibles para hacer pensable el mundo!

Daniel Santos (1999), artista bogotano, interviene y hackea aparatos tecnológicos obsoletos para resignificarlos en instalaciones cuya atmósfera evoca quirófanos, consultorios médicos y clínicas atravesadas por la luz y sombra de las raves y las fiestas underground. Sus dispositivos incorporan máquinas hechizas y autónomas, despojadas de toda condición utilitaria y revitalizadas en una dimensión sensible extraña, donde empieza a delinearse lo que podríamos llamar una ingeniería emocional, cuyos métodos experimentales desbordan las lógicas científicas predominantes.

Luisa Fernanda Giraldo (1992), artista y riógrafa caldense, diseña sistemas de experimentación psicosomática desde las prácticas hidrofeministas y su relación con diversas ontologías de la muerte. Se pregunta cómo las aguas enfermas de los ríos habitan el duelo y qué signos revelan en tanto cuerpos que comparten la pérdida con nosotros y con otras especies. Desde lo mutante y lo quimérico, fabrica y ensaya prótesis antibióticas en una metamorfosis humano-planta-animal.

Mariana Angulo (1999), artista bogotana, entrelaza preguntas científicas sobre el movimiento y la afección entre cuerpos con dispositivos del teatro, una antropología más allá de lo humano, la pintura como acto-imagen y la música como forma de inteligibilizar la cualidad vibrante de la materia. Sus instalaciones engendran enredos cuánticos donde un tipo de cuerpo reconocible —un caballo, una red, una mesa, un planeta o una oveja— puede recombinar libremente sus enlaces atómicos para devenir arcilla, lana, cobre o fuego, encontrando formas inesperadas de existencia.

Stephanía Ayala (1998), artista manizaleña, apropia y recombina prácticas humanas que encuentran en lo animal y lo bestial representaciones insólitas del deseo y de la necesidad de comunidad por fuera de los dictámenes nacionalistas de la identidad social. A partir de estéticas asociadas a los imaginarios furry, cosplay, kawaii o cuqui, realiza esculturas e instalaciones que operan como un oxímoron visual: lo tierno y lo siniestro conviven en una misma escena, incorporándonos a una dimensión donde las formas de performar lo humano y de interpretar lo natural y lo artificial se diluyen, abriendo nuevas posibilidades para imaginarnos como seres sociales, deseantes, sexuados e interdependientes.

David Caicedo (1998), artista caleño, explora puntos ciegos y zonas de sombra desde los cuales revela, mediante destellos de luz, cómo acontece la sucesión del tiempo en el trópico. Asumiendo las figuras del arqueólogo y el alquimista, devela artefactos ceremoniales que evocan tótems y templos solares, haciendo colisionar las temporalidades inherentes a las imágenes y los lenguajes del proyecto arquitectónico moderno del siglo XX con estéticas contemporáneas de internet como el vaporwave o el seapunk. De esa ficción especulativa emergen nuevas mitologías neolatinas que ensayan formas no lineales de comprender el espacio-tiempo.

Sobre el curador
Andrés Matías Pinilla (Bogotá, 1988)
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Su formación artística ha transitado por instituciones académicas, programas experimentales y clínicas de obra, principalmente en Colombia, Argentina y México. En 2024 fue becario de la WHW Akademija en Zagreb (Croacia), en una edición dedicada a las ecologías del cuidado.

Desde 2010 desarrolla proyectos en galerías, museos, bienales, residencias, ferias, espacios independientes y contextos rurales. La creación de plataformas insólitas para la educación artística y la circulación del arte constituye las entrañas de su práctica, inventando dispositivos, teorías y laboratorios pedagógicos relacionales y haciendo de su obra una amalgama material de instalación, dibujo, escritura, situaciones performativas y piezas sonoras.

Su obra ha sido expuesta en el Centro Cultural Borges (Buenos Aires, 2026), CentroCentro (Madrid, 2025), el Humboldt Forum (Berlín, 2019), el MAMM – Museo de Arte Moderno de Medellín (2023), el Museo de Arte de Pereira (2017 y 2018), el MAMBO – Museo de Arte Moderno de Bogotá (2014), el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia (2019), el Museo Nacional de Colombia (2026) y el Antiguo Monumento a los Héroes (2018). En 2015 impulsó el movimiento cotrabienal durante la décima edición de la Bienal del Mercosur, en Porto Alegre, Brasil.

Es director artístico del programa de residencias R.A.R.O. Bogotá y de cal¡ente, cal!ente, un semillero de artes en fuga. Entre 2017 y 2020 fue codirector de LANZALLAMAS, una galería experimental que existió en Buenos Aires, Argentina. Es colaborador y tutor invitado de la EAT (Escuela Experimental de Arte). Su trabajo hace parte de las colecciones del Museo Nacional de Colombia, el MARGS – Museu de Arte do Rio Grande do Sul (Brasil) y el Archivo Arkhé: Arte Latinoamericano + Archivo Queer (España).

Artistas participantes
  • Daniel Alejandro Santos
  • David Caicedo
  • Luisa Fernanda Giraldo Murillo
  • Mariana Angulo
  • Stephania Ayala

Del 1 de agosto hasta el 7 de noviembre
En la Sala de exposiciones de la Cámara de Comercio de Bogotá, Sede Kennedy
[Avenida Carrera 68 # 30 – 15 sur, piso 2]

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