Trayectoria

Una alianza ARTBO - Bauer

Joyería Bauer y el arte: un compromiso con la trayectoria

Con más de 130 años de historia, Joyería Bauer ha mantenido un estrecho vínculo con la cultura en Colombia, apoyando iniciativas públicas y privadas que celebran la pintura, la escultura, la música y múltiples expresiones creativas. Como casa joyera, entiende que cada pieza es también una obra de arte: un legado que preserva la tradición y honra la cultura.

Este año, por primera vez, Joyería Bauer se une a ARTBO | Feria, la plataforma de arte de la Cámara de Comercio de Bogotá, para crear la alianza ARTBO–Bauer y presentar en conjunto la sección y el premio Trayectoria, destinados a reconocer a artistas cuya vida y obra han dejado una huella perdurable en la escena artística latinoamericana.

Esta alianza representa el inicio de un compromiso a largo plazo con el arte y sus creadores, reafirmando la convicción de que la cultura tiene un poder transformador y duradero.

En esta primera edición, la sección rinde homenaje a la maestra Beatriz González, en reconocimiento a su relevancia histórica, social y estética dentro del panorama del arte colombiano y latinoamericano, y a una trayectoria que abarca más de seis décadas.

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La memoria reiterada: Beatriz González

Curaduría: Paula Bossa (Directora de Casas Riegner) y Pavel A. Vernaza (Curador de Casas Riegner).

«¿Por qué será que aquí hay que repetir tanto las cosas?» 
Beatriz González

Bajo la mirada de Beatriz González (Bucaramanga, 1932), las imágenes publicadas en la prensa adquieren una segunda vida. En su obra, la repetición de figuras cotidianas se convierte en un acto de memoria y reflexión. En los años sesenta, su encuentro con una fotografía en un periódico local —la de una pareja de novios que decidió quitarse la vida— marcó el inicio de una búsqueda artística en la que los registros visuales de los diarios se transformaron en materia plástica y conceptual.

Durante años, González encontró en la ironía y la burla hacia el poder una forma de leer al país como un territorio oscilante entre lo cómico y lo trágico. Sin embargo, la violencia, que emergía con fuerza en la reportería gráfica colombiana, terminó por desplazar el sarcasmo y dar paso a otras maneras de abordar su entorno. El asalto al Palacio de Justicia (1985), herida profunda en la historia reciente nacional, fue un punto de quiebre: desde entonces, la artista decidió que ya no podía reír.

A partir de ese momento, su obra se orientó a crear imágenes que evocan el dolor provocado por un país sumido en un conflicto interminable. Consciente de la fugacidad con que el espectador consume y olvida la violencia, González recurre a la repetición como estrategia estética y de memoria.

La exposición explora cuatro ejes centrales que han marcado su producción reciente: el éxodo, el duelo, los desastres naturales y las herramientas agrícolas que, en manos de sus personajes, son utilizadas para sepultar y exhumar.

Estas indagaciones se materializan a través de diversos recursos pictóricos: las antisiluetas —una técnica que consiste en representar figuras con bordes difusos que se funden con el paisaje, creando imágenes brumosas de gran poder evocador—, figuras esquemáticas, siluetas y papeles de colgadura. Con ellos, González multiplica y reitera imágenes en la memoria colectiva, obligando al espectador a detenerse y a no permanecer indiferente ante las calamidades que azotan al país. Su obra icónica de arte público Auras Anónimas, ubicada en el Cementerio Central de Bogotá, condensa esta búsqueda: miles de figuras reiteradas en nichos vacíos que hablan de la ausencia, el silencio y el olvido.

Para González, la reiteración no es mera insistencia visual, sino un llamado a confrontar aquello que la sociedad prefiere pasar por alto. En su trayectoria, la artista ha abordado las pérdidas humanas, los desplazamientos forzados y las catástrofes naturales; no como fenómenos aislados, sino como sucesos íntimamente entrelazados con las tragedias humanas y políticas del país. En su obra, la naturaleza y la violencia no aparecen como escenarios neutros en segundo plano, sino como testigos de las fracturas históricas de Colombia.

Frente al olvido, Beatriz González propone la insistencia: repetir hasta que las imágenes dejen una huella en la memoria colectiva. En su obra, la repetición resignifica y prolonga el sentido de aquello que no debe borrarse, recordándonos que el arte no teme al paso del tiempo, sino que se erige como una herramienta contra la indiferencia.

 

Beatriz González

(Bucaramanga, 1932)

Trayectoria - La memoria reiterada: Beatriz González

 

 

Foto ©Sebastián Jaramillo Matiz

Con más de 60 años de trayectoria activa, su trabajo ha sido fundamental para comprender cómo el arte puede operar como una herramienta crítica frente a la violencia, la memoria y las construcciones del poder. A lo largo de su carrera, González ha desarrollado un lenguaje propio que transforma imágenes del archivo periodístico, objetos cotidianos y referencias del canon occidental en poderosos dispositivos de cuestionamiento social. En sus manos, lo vernáculo se convierte en un vehículo de resistencia y lo doméstico en escenario político. Su obra no se limita a representar la realidad: la interroga, la sacude y la resignifica, desafiando las jerarquías tradicionales del arte y problematizando lo que consideramos valioso. Desde sus emblemáticas piezas de los años 70 hasta obras recientes, González ha articulado una crítica lúcida a la banalización de la violencia y al olvido institucionalizado, convirtiendo el acto de recordar en una forma activa de reparación simbólica. En un país como Colombia, donde la historia oficial ha silenciado muchas voces, su trabajo abre un espacio indispensable para repensar nuestra memoria colectiva.

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