La desestabilización de las concepciones dicotómicas del mundo y de las distintas formas de vida gana terreno en un momento de crisis civilizatoria. La sospecha de que divisiones como naturaleza y cultura, vida y materia, sujeto y objeto no describen el mundo, sino que lo producen de una manera particular, y que hay otras formas de distribuir agencia, parentesco y vitalidad entre lo humano y lo no-humano, ha llevado a un nuevo terreno a nociones como descentramiento, colaboraciones, frontera o 'materia sorda'.
En el texto Materia vibrante. Una ecología política de las cosas, Jane Bennett se pregunta «¿Cómo cambiarían las respuestas políticas a los problemas públicos si nos tomáramos en serio la vitalidad de los cuerpos no-humanos?». Un cuestionamiento que, en últimas, busca tender puentes frente a la moderna oposición entre lo material, entendido como pasivo, inerte y mudo, y lo vital, comprendido como exclusivo de lo orgánico, lo humano o lo animado.
El título de esta muestra retoma una fórmula de Bennett para nombrar esa vitalidad: un poder-cosa, presente no solo en lo orgánico sino en todo cuerpo, humano o no-humano. Esta curaduría traslada esta hipótesis al campo de la creación artística, donde la distancia entre vida y materia ha sido siempre más porosa. La elección de un material no es un gesto neutro: es ya un acto de escucha, una negociación con algo que tiene sus propias inclinaciones. El artista no actúa sobre una materia pasiva; dialoga, cede, resiste y es resistido.
Por vitalidad, Bennett entiende «la capacidad de las cosas no solo para obstaculizar o bloquear la voluntad y los designios de los humanos, sino también para actuar como cuasi agentes o fuerzas con sus propias trayectorias, inclinaciones o tendencias». Aplicada al proceso creativo, esta noción invita a replantear al artista como sujeto soberano y a pensar, en cambio, en una agencia distribuida entre el cuerpo humano, los materiales y las condiciones del entorno.
Las obras reunidas en esta selección se abordan precisamente desde esa tensión: cada una hace visible la fuerza de las formaciones materiales. No se trata de una celebración romántica de estos, sino de un desplazamiento de la mirada: aprender a ver la materia como interlocutora activa. Late aquí una pregunta a la vez política y poética: ¿qué podría significar tomarse en serio la vitalidad de las cosas?
Melissa Aguilar es Magíster en Historia del Arte de la Universidad de Antioquia. Curadora e investigadora con énfasis en arte latinoamericano y colombiano del siglo XX y contemporáneo.
Desde 2022 se desempeña como curadora del Museo La Tertulia (Cali). Hizo parte del programa Imagen Regional 9 del Banco de la República en 2021 y participó como curadora invitada en el 46 Salón Nacional de Artistas – Inaudito Magdalena en 2022. Ha estado vinculada a instituciones como el Museo de Arte Moderno de Medellín – MAMM y el Museo Casa de la Memoria (Medellín). De manera paralela ha trabajado como docente universitaria.