En algún momento dejamos de compartir utopías y empezamos a compartir hábitos. A compartir horarios. A las ocho de la noche comenzaba el drama. No era solamente entretenimiento: era una geografía afectiva. Aprendimos a entender el deseo, la humillación, la fortuna, el fracaso y la esperanza a través de una cámara que siempre encontraba la mejor luz para el sufrimiento. Cuando todo parecía a punto de romperse, todavía quedaba más historia por contar.
Crear, editar, publicar o sostener un proyecto en este paisaje exige una dosis de candor. Puede parecer una actividad ingenua, incluso extravagante. La mejor luz reúne editoriales de distintos lugares que conocen otra forma del melodrama: la de seguir publicando cuando las condiciones materiales parecen escritas por un guionista especialmente cruel; la de inventar nuevas formas de hacer circular libros e ideas mientras el mundo anuncia una nueva catástrofe; la de insistir en que una publicación todavía puede propiciar una conversación.
No venimos a buscar un final feliz. Venimos a encontrarnos para comprobar que, incluso ahora, todavía queda espacio para un capítulo más.
Relámpago es un lugar donde se piensan y producen proyectos visuales. Es un equipo, una editorial, una imprenta, un espacio expositivo y mutante, una oficina de diseño intuitivo e integral. En su corazón se encuentra un taller de tipos móviles con el cual, mediante prácticas experimentales, reconfigura el patrimonio y lo utiliza para aprender y desaprender el presente. Es una plataforma donde se revisan, desbaratan y rearman proyectos caprichosos. Que cree en la construcción de redes y reconstrucción de comunidad por medio del oficio, el arte y los afectos.