Antes de que todo sea polvo

Curaduría: Emiliano Valdés

Las cosas ya no son como solían ser. Si lo fueran, quizás estarían por ver este conjunto de trabajos en la forma de una exposición y no del compendio digital de obras y documentaciones que se reúnen en esta plataforma digital y en la publicación, también digital, que la acompaña. Las cosas están cambiando. Si no lo estuvieran haciendo, es probable que esta selección de obras no hubiera surgido de la manera casi espontánea en la que lo hizo.

Es posible que este sea sólo el comienzo. Que en el futuro todas las exposiciones sean así: virtuales, inmateriales, un poco frustrantes. De una manera paradójica, esta «exposición» virtual tiene sentido porque aborda los temas y las ideas que nos han forzado a esta virtualidad, y es a través de las obras que la componen que podemos reconciliar la experiencia de verlas, únicamente, a través de esta pantalla. La pantalla en la que también leen estas palabras.

Mi trabajo como curador resultó inesperadamente fácil: revisar un centenar de propuestas para, con ellas, intentar generar cierto sentido en la producción artística joven (o relativamente joven) y sin representación comercial de Colombia. La facilidad se debió a que en una parte importante de los proyectos presentados compartían una preocupación central: nuestra relación con nosotros mismos, con los otros y con el planeta que habitamos.

A pesar de que la convocatoria se lanzó antes de que nos diéramos cuenta de la magnitud de la pandemia, parecería que el confinamiento produjo –o decantó– reflexiones similares, por lo menos en una buena parte de la población que indudablemente era ya propensa a una sensibilidad hacia el otro y hacia el contexto. Lo que intento decir es que esta selección de proyectos responde al carácter, a las preocupaciones y a unas metodologías prevalentes en el grupo de aplicaciones. Es, de alguna manera, una toma del pulso de este grupo de artistas, un grupo de proyectos que representan el zeitgeist de los participantes en la convocatoria.

Las ideas que reúnen estos trabajos, por un lado, y que presumiblemente también nos han llevado a esta virtualidad, por otro, tienen que ver con el uso desmedido de los recursos naturales, la falta de atención a los efectos de nuestras acciones sobre nuestra especie y las demás y, de manera general, la huella de los humanos sobre el planeta y la consecuencia de nuestras acciones con los demás. Los proyectos incluidos plantean estas reflexiones desde diversos puntos de vista: desde una observación cuidadosa del entorno natural, pasando por una vuelta a la conciencia y a los saberes ancestrales, hasta una especulación sobre el futuro de la humanidad, tanto si la actual ruta destructiva cambia como si no lo hace.

Antes de que todo sea polvo es entonces una selección de las propuestas enviadas a Artecámara en su edición de 2020 que, por las restricciones derivadas de la pandemia del COVID-19 se ha llevado a cabo exclusivamente de manera virtual. No es una exposición, es quizás un punto de encuentro inmaterial entre propuestas que de otro modo posiblemente nunca lo hubieran hecho. Para los que participamos de ella y que nos dedicamos a hacer exposiciones –artistas, curadores y gestores–, esto evidentemente no es lo ideal, pero el dar a conocer estos proyectos con todo y las limitaciones de lo virtual es una tarea necesaria en este contexto.

La no-exposición está conformada por once obras o proyectos artísticos individuales, dos proyectos colaborativos y una exposición física a cargo del espacio independiente de Pereira La Pared Arte Contemporáneo dentro de la no-exposición. Es un viaje desde el exterior del planeta, pasando por la selva hasta el interior de nuestro cuerpo e incluso hacia el futuro, en el que artistas que trabajan con lenguajes y vocabularios formales distintos expresan sus preocupaciones en torno a la sostenibilidad, no solo de nuestra relación con el planeta, sino con los otros y con nosotros mismos.

La selección se inspira en la idea que Timothy Morton desarrolla en su clásico de la ecología actual Ecología oscura(2016) y que señala que la única manera de cambiar nuestra actitud hacia el planeta es entenderlo –y entender nuestras acciones– en una variedad de escalas, físicas y temporales. Vale decir que, si entendemos las consecuencias de nuestras acciones solo en una escala temporal humana, no llegaremos a dimensionarlas en toda su magnitud; igualmente, si nos enfocamos solo en nuestro entorno inmediato, no entenderemos el alcance de cada una de nuestras acciones.

Así, la breve narrativa de este conjunto de trabajos empieza con la obra que le da título a la selección: Antes de que todo sea polvo, un video del colectivo La Sensación en el que, con materiales de uso cotidiano, se generan imágenes de eventos cósmicos reduciendo la distancia entre el universo como tal y el universo personal de lo doméstico. A esta pieza, que establece el marco de referencia para este pequeño viaje que les propongo, le sigue Ejercicio de construcción para el Antropoceno de Lucas Gallego, un collage peligrosamente seductor de fotografías satelitales de gran formato que muestran las áreas con los índices más altos de deforestación en el territorio colombiano ubicadas entre los municipios de Puerto Lleras (al occidente) y Mapiripán (al oriente).

Wilman Eduardo Zabala Rivera retoma la noción del Antropoceno y la estrategia de la imagen satelital, aunque esta vez mediada por una pintura realizada en petróleo y patina dorada, en Estudios para el colapse del Antropoceno. En esta serie de cuatro paneles se observa, con imprecisión, pero también con vehemencia, las heridas de la sociedad en el territorio. 

Descendiendo aún más en este hipotético viaje desde el cosmos hasta la tierra encontramos un grupo de pinturas de Pedro Montilla Piñeros –Tierraleja–, en la que, con un uso sorprendente de la luz y el color, nos muestra imágenes de «un lugar apenas reconocible. Donde la humanidad ha respetado el tiempo del universo».

En Morada, una instalación de María Gabriela Estrada Loochkartt, la casa tejida en lana natural se funde con el paisaje o con el entorno que la sostiene, proponiendo una correlación íntima entre nuestra existencia y el medio ambiente. Las imágenes de la obra instalada en el bosque muestran también el cuerpo de la artista acurrucada en ella, fundiendo cuerpo, casa y paisaje en un solo ecosistema. En una intención similar, Anatomía topográfica de Paula Daniela Pardo Prieto presenta el cuerpo de la artista en fragmentos de cerámica suspendidos en el espacio. La obra es una reflexión del cuerpo como territorio en un sentido literal y de la piel como una membrana o una coraza que se ve afectada por los factores que determinan la cerámica –el tiempo, la tierra, el fuego y la huella– para convertirla en un hogar.

La atención por las fibras naturales y el cuerpo nos lleva a Chuq, un proyecto fotográfico de Juan David Castañeda Pulido que retrata la relación de los habitantes de la comunidad Pacaje con los animales y la tierra, particularmente con la fibra de alpaca. El proyecto de Castañeda Pulido se enfoca en el impacto del cambio climático y la contaminación ambiental en la reproducción y crianza de las alpacas y sus consecuencias en esta comunidad. También a través de la lana, pero esta vez en conjunción con tintes naturales, María Alejandra Torres Agudelo propone una analogía entre el encuentro de estos materiales de procedencia distinta (la lana de las ovejas, importación europea y los tintes producto de plantas indígenas de América) y el encuentro de culturas, la colonización, que los hizo posibles en Cuando las ovejas llegaron en barcos y atravesaron montañas, una escultura textil de lana de oveja tinturada.

El uso de elementos naturales como material artístico se evidencia también en la pintura hecha con hojas, Perdiendo el tiempo de Helena Ospina, que hace un llamado sobre la urgencia de tomar acción en relación al medio ambiente, al tiempo que se cuestiona la utilidad de hacer arte. A su vez, Katherine Patiño Miranda utiliza desechos orgánicos de su vida cotidiana durante el confinamiento de la pandemia para producir una serie de pigmentos con los que realiza pinturas abstractas que presenta como parte de una instalación. El proyecto da cuenta de las posibilidades de dichos materiales, así como de la interrelación entre alimentación y creación.

Abriendo un capítulo que se centra en la tecnología y el futuro, pero siempre en relación con el cuerpo y la naturaleza, encontramos la exposición Agencia natural producida por el espacio independiente La Pared Contemporáneo en Pereira y que se incluye también dentro de esta selección de proyectos preocupados por el medio ambiente. Agencia natural es una selección de obras de Juan Carlos León y Jorge Augusto Noreña que, en su conjunto, plantean la idea de que sí se puede hacer un cambio en las relaciones entre las personas, los grupos y las entidades no humanas –los hiperobjetos, diría Morton– como la naturaleza y el medio ambiente. La exposición propone que es necesario alejar la subjetividad del hábito y la singularidad. O, en otras palabras, promover la autonomía y agencia que cada ser tiene como el potencial esfuerzo que ha sido tapado por el determinismo social y la explotación extrema.

Por su parte, Nicolás Franco Zamudio muestra una serie en la que fotografías de paisajes de tres departamentos de Colombia han sido modificadas insertando los nombres de líderes sociales asesinados en dichas regiones en el código binario de los archivos digitales. El resultado es Error de paisaje, un grupo de fotografías que muestra los paisajes con errores de tipo glitch producidas por la alteración causada por la información insertada. A caballo entre lo digital y lo físico está también el proyecto TRANS.hum4n_0 de Juan Echeverría quien, a través de tres escenarios diegéticos, propone un universo poshumanista en el que los seres humanos hemos sido despojados de los órganos reproductivos en un intento por frenar la acción de nuestra presencia en la Tierra.

El recorrido termina en un jardín virtual que, además de imágenes esperanzadoras para el futuro, provee un espacio de interacción creado por los artistas Milton Riaño y Santiago Tavera. Encuentros en los jardines virtuales es un proyecto colaborativo en la web y video 360° que explora narrativas compartidas sobre la relación del cuerpo con espacios físicos y virtuales, con el otro, con la naturaleza y con la tecnología durante estos tiempos de aislamiento social y dislocación virtual provocados por la pandemia del COVID-19.

La selección de proyectos Antes de que todo sea polvo es un recorrido, también este virtual, por obras y proyectos que de manera crítica y urgente reflexionan sobre la inminencia del colapso del mundo natural si no hacemos cambios contundentes en nuestra manera de relacionarnos con el entorno. Nos recuerda la necesidad de escuchar a estos proyectos y al arte en general para que, como especie y planeta, no nos convirtamos en solo polvo.


Artistas participantes

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